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	<title>Tia Xime &#187; Abogado</title>
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	<description>Tia Xime, consejos de amor y relatos de amor efectivos</description>
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		<title>El Carpintero Persa Que Fracasó &#8211; Capítulo 11</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Mar 2010 04:40:27 +0000</pubDate>
		<dc:creator>umac</dc:creator>
				<category><![CDATA[El Carpintero Persa Que Fracasó]]></category>
		<category><![CDATA[Abogado]]></category>
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		<category><![CDATA[Infidelidad]]></category>
		<category><![CDATA[Sexo]]></category>
		<category><![CDATA[Superación Personal]]></category>

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		<description><![CDATA[Anterior: Capítulo 10: En el cual el fracasado regresa a sus errores Capítulo 11 Donde el Carpintero deja todo en manos de un ganador. He llegado a contar, para el deleite de mis ingenuos lectores, es decir, fieles lectores, la historia de que en la antigüedad del tiempo, hace muchos siglos, hubo en la capital de Persia, un hombre al que me refiero con muchos epítetos, pero que para no insultarlo en este triste momento, me conformo con llamarle por su profesión: Carpintero. Era esa su vida y estaba muy satisfecho de su condición miserable, libre de responsabilidades y de fama, así como de mujeres deseables en telas vaporosas, hasta el fatídico día en que la elegancia de su labor [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Anterior:</strong> <a href="http://tiaxime.com/el-carpintero-persa-que-fracaso-capitulo-10/">Capítulo 10: En el cual el fracasado regresa a sus errores</a></p>
<h2>
<p style="text-align: center">Capítulo 11</p>
</h2>
<h3>
<p style="text-align: center">Donde el Carpintero deja todo en manos de un ganador.</p>
</h3>
<p>He llegado a contar, para el deleite de mis ingenuos lectores, es decir, fieles lectores, la historia de que en la antigüedad del tiempo, hace muchos siglos, hubo en la capital de Persia, un hombre al que me refiero con muchos epítetos, pero que para no insultarlo en este triste momento, me conformo con llamarle por su profesión: <strong>Carpintero.</strong> </p>
<p>Era esa su vida y estaba muy satisfecho de su condición miserable, libre de responsabilidades y de fama, así como de mujeres deseables en telas vaporosas, hasta el fatídico día en que la elegancia de su labor artesanal llegó a oídos del rey.  El resto es historia, que espero que hayan estado leyendo en los capítulos anteriores, <strong>¡porque me desesperan los necios que no leen los libros en orden y se pone a fisgonear al final!</strong>. Ejem, a lo que quiero llegar es que se acerca peligrosamente el fin de esta historia, <em>en especial para Zibik</em>, que ve a su adorada esposa gemir con voz de gata montada por un tigre bajo los efectos de una especia afrodisíaca. Mientras su hija yace tendida al otro extremo de la cama, exhausta ante los talentos sexuales que demostró el rey en el día que estaba a punto de acabarse.</p>
<p><em>«¡Oh rey de los siglos y del tiempo!»</em> -dijo Sharmoota &#8211; <em>«¿No es esto inmoral?»</em></p>
<p>La sabiduría en este tipo de situaciones aconseja huir antes de ser visto por persona alguna y agradecer a Alá el ser un cobarde con vida y no un mártir en la hoguera.  Pero Zibik no es un hombre sabio, saben que puedo llamarle<em> idiota, pusilánime, perdedor&#8230; fracasado</em> en muchas ocasiones, pero lo que intentó hacer en esta circunstancia hace que lo llame del mismo modo en que se refería de él su madre, eso es, <strong>bruto</strong>.</p>
<p><em>«¿Qué significa todo esto?»</em> -dijo Zibik con la voz fuerte que le dio la estúpida indignación que sentía.</p>
<p>El rey, hombre de poder, cansado tras haber trabajado con ardor en la cama las últimas dos semanas, observó con desdén al fracasado. Y chasqueó sus dedos. De entre las cortinas surgió el visir, quien con aire calmado recorrió la habitación para acercarse a Zibik, que tampoco vio a tiempo de donde salieron los guardias que lo rodearon silenciosamente.</p>
<p><em>«Esto significa que ud. será acusado formalmente ante el reino de Persia por violación de contrato, abuso de confianza, declaraciones falsas al consumidor, conspiración, perjurio, vandalismo (sus pies sucios dañaron la alfombra), invasión de propiedad real, evasión de impuestos, mora en el pago por daños punitivos, intento de regicidio, y no olvidemos, interrupción de asuntos de estado.»</em> -dijo el visir en tanto redactaba los cargos.- <em>«También quedará en consideración del juez cuanto habrá de pagar por los minutos de tiempo de trabajo perdido que le ha costado al rey.»</em></p>
<p><img src="http://tiaxime.com/wp-content/uploads/2010/03/prision.jpg" alt="" width="494" height="260" class="aligncenter size-full wp-image-2346" /></a></p>
<p>Pasó entonces Zibik 100 noches de nuevo en la prisión, donde su único amigo fue un extranjero que no entendía nada de lo que decía, pero cuya apariencia fuerte evitó que el fracasado fuera víctima de las visitas nocturnas de otros prisioneros de claras inclinaciones por la carne frágil, maloliente y peluda que grita al ser violentamente sodomizada. Tras estas oscuras noches, fue visitado en su celda por un hombre joven, de rostro fresco y piel de bronce, de quijada tallada con cincel, con una dentadura que semejaba perlas, bigote corto y arreglado, vestido con prendas que gritaban <em>&#8220;En cualquier momento, la decisión que tomes puede hacer cambiar tu vida para siempre&#8221;</em>.</p>
<p><em>«Vengo a tomar su caso señor Bilzic, no tiene nada que temer.» </em>-dijo con convicción y voz de tenor el deslumbrante desconocido.</p>
<p><em>«Es Zibik.» </em>-dijo con voz de idiota cansado y hambriento, como siempre.</p>
<p><em>«Primera recomendación. Haga caso a su abogado. Soy un extranjero a quien el destino trajo a este reino, y que ha cosechado el éxito bajo todas las circunstancias que se me han presentado. Verá, en esta vida, mucha gente sabe lo que debe hacerse, pero pocos saben como hacerlo. Saber nunca es suficiente, ¡hay que tomar Acción! <strong>Ahora Basilic, permita que le asegure, que así como puedo hacerle bajar de peso en tan sólo un mes con mis productos, puedo sacarlo libre de este inmundo lugar que ya debe considerar su hogar. Pronto haré que deje de revolcarse en su propio excremento. <em>Lo digo en serio, no haga eso más, es asqueroso.</em></strong> Verá, yo nací en El Cairo y era hijo de un corredor, mi padre era un hombre muy veloz con las joyas ajenas, ni mi madre logró alcanzarlo para cuando se enteró que estaba embarazada.  Pero el secreto del éxito nunca es el ambiente, ni los eventos de nuestras vidas, sino la forma en que interpretamos los eventos lo que nos hace quienes seremos en el mañana. Nos presentaremos a juicio y enredaré en verbo a quien me pongan de juez. Cuando termine, lo dejaré andar en mi borrico blanco de silla roja de terciopelo <strong>para que sepa lo que se siente ganar de verdad</strong>.»</em> -dijo Khawaga, el abogado egipcio exitoso.</p>
<h3>El abogado se retiró entonces de la celda y todos lo saludaban con venia, incluso los guardias, mostrando su reluciente y poderosa sonrisa que cautivaba a todos los que tenían la suerte de verla antes de leer el bordado en su espalda que decía <strong><em>&#8220;¿Desea verse como yo? Pregúnteme cómo lograrlo.&#8221;</em></strong></h3>
<p></br></p>
<p>Lleno de buena energía y expectativas positivas, Zibik decidió que ese era el hombre que Alá le enviaba para arreglar todo. Debía concentrarse en su objetivo, que era recuperar su dignidad y su buena imagen.  Tal vez también bajar un poco de peso y adquirir algo más de masa muscular.  Toda esta dificultad que había atravesado <strong>tal vez era tan sólo para formar carácter</strong>, adquiriendo un par de distinguidas canas, cicatrices y líneas de expresión para hacerse interesante.  <em>El futuro era brillante.  </em></p>
<p>Fue por eso que le indicó a su compañero de celda la ruta de escape que había estado cavando y que daba a los depósitos de heces fecales de la prisión. <strong>Ya no necesitaba ese método de evasión sucio e indigno.</strong> Nada de recorrer cloacas untado de diarrea para distraer a los perros salvajes y a las ratas.  Eso era algo que le dejaba con todo cariño a su compañero. Era una buena acción, la correcta para un hombre dispuesto a cambiar su destino y convertirse en un líder. </p>
<p>Así lo hizo, y gracias a eso durmió mejor que nunca en su vida. Sentía que una paz invadía todo su ser,<em> aunque también podía tratarse de indigestión por comer carne de rata.</em></p>
<p>A la mañana siguiente, Khawaga ingresó en la corte, con varios papiros en sus brazos, que contenían antecedentes de casos similares que el juez debía tener en consideración para que el rey jamás se propasara con sus súbditos.  Hasta que el juez ingresó en la sala.</p>
<p><em>«Traedme una espada.»</em> -dijo el juez, que como debían esperar mis lectores menos optimistas, <strong>era el mismísimo rey Comosellame.</strong></p>
<p>El abogado pensó rápidamente y vio en esta dificultad una oportunidad de oro para hacer algo que nadie jamás había hecho en el reino de Persia:</p>
<p><em>«¿Estaría usted interesado en bajar de peso, hablar mejor en multitudes y ganar algo más de definición en sus músculos para afianzar el respeto de sus súbditos? Mi nombre es Anthony Khawaga y soy un especialista en el arte de la confianza.»</em></p>
<p>Con esta gran intervención comercial, que haría leyenda en pueblos vecinos, donde aún hoy pueden encontrarse muchos papiros de autoayuda sin leer y todo tipo de pequeñas pesas oxidadas por la falta de uso, se acaba uno de los últimos capítulos de esta desvergonzada saga de hilarantes tragedias.  El maestro Habla se levanta orgulloso y muestra su bordado de <strong><em>&#8220;¿Quiere bajar de peso? Pregúnteme cómo.&#8221;</em> </strong>y ofrece sus hierbas podridas con la esperanza de atrapar incautos, mientras me deja una vez más a cargo de la lección que dejó escrita en un trozo de su pañal:</p>
<p></br></p>
<h2>
<p style="text-align: center">Nunca dejes nada importante en manos de alguien más.</p>
</h2>
<p></br></p>
<p>El ejercicio de esta ocasión consiste en imaginar una playa. En esta playa están todas aquellas cosas que amas y que piensas dejar en manos de alguien más. Imagina que todas estén presentes allí, sobre la arena. <em>Ahora, imagina que hay una cabra</em>.<strong> Y que la cabra destroza todo.</strong> Repite ese ejercicio cada vez que sientas ganas de delegar una función que sólo te corresponde a ti. </p>
<p>Así dice el maestro Habla.</p>
<p style="text-align: right"><em>Foto por <a href="http://www.flickr.com/photos/quigibo/3540052067/">quigibo</a></em></p>
<p><strong>Sigue:</strong> <a href="http://tiaxime.com/el-carpintero-persa-que-fracaso-capitulo-12/">Capítulo 12 &#8211; El trágico y penoso juicio del fracasado y su no muy gloriosa salvación</a>.</p>
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