El Carpintero Persa Que Fracasó – Capítulo 8

[X] Por Umac Habla [ ] El Carpintero Persa Que Fracasó   25 de diciembre del 2009

Anterior: Capítulo 7: En el que horribles castigos y desgracias caen sobre el idiota, por su propio bien.

Capítulo 8


Donde el fracasado pretende que el fracaso es sólo una parte del proceso de aprendizaje.





Al dejar tras de sí los muros de su prisión, Zibik recordó que había fracasado nuevamente, de una manera memorable. Su esposa y su hija lo esperaban con los brazos abiertos y en sollozos, que se convirtieron en amargos gritos al enterarse de lo que costó la libertad de Zibik. Lloraron largamente y maldijeron el suelo que pisaban sus pies.

Tras escuchar con atención a su familia, se limpió el rostro de la saliva que le fue escupida para sellar las maldiciones que recibió. Y decidió alejarse a meditar por un momento respecto a su situación, a toda prisa. Tan lejos como le fue posible.

Al punto emprendió su triste camino, lejos de sus seres queridos, que no lo recibirían en su casa, ya que no tenían casa gracias a él. Así que prosiguió el viaje durante días y días, hasta que una noche llegó hasta una tienda en medio del desierto, la cual era más lujosa de lo que era la casa que ya no poseía.
Allí estaba sentado un hombre vestido en un excelso traje tan blanco como las nubes en el cielo.

Crisis y Oportunidad tienen algo en común.

El sol había causado terribles estragos sobre la piel de Zibik y daba la firme impresión de ser un leproso, o al menos, una criatura que acababa de salir de algún círculo infernal con al menos una horrible enfermedad en la piel de apariencia contagiosa. El elegante hombre de blanco sintió profunda misericordia de la situación en la que se encontraba el carpintero y ofreció su ayuda desinteresada, pero sin atreverse a tocarlo.

«Era yo el hombre más rico del reino, con incontables éxitos en mi haber, y suficientes conquistas para hacer llorar a muchos califas. Era el dueño del mundo, me llamaban El Maestro De Las Ventas, ¿recuerda acaso mi nombre?» -dijo el hombre de blanco.

Zibik no recordaba nada al respecto, pero supo que la ayuda que le pudiese dar ese hombre dependía por entero de su respuesta: “Sí, todos desde El Cairo hasta Sipán conocen su nombre.”

La sonrisa de ese hombre resplandeció con el brillo que tienen aquellos con dientes de oro y diamantes incrustados.

«Eso me gusta, eres un hipócrita y eso es lo que necesitas para progresar en este inmenso mundo.» – le aseguró el Maestro De Las Ventas.

Sólo el ruido de sus blancas sandalias resonaba en la inmensa carpa. Zibik reconocía que una vez más, como suele suceder al menos una vez por capítulo, había sido reconocido por el fracasado que era. Sonrió con la esperanza de parecer un poco menos estúpido o al menos algo más amable de lo que realmente era. Pero su sonrisa mueca alertó a los guardias que protegían al Vendedor. Zibik sintió el frío toque de una filosa hoja de metal en su glúteo derecho. No fue tan placentero como pudo hacerles creer esa inofensiva descripción. Muchos infieles al sentir el helado contacto de un instrumento cortopunzante, entregan sus bolsas de dinero, sus mujeres y permiten el acceso a todos los agujeros prohibidos por el Corán.

«No pienses en esto como una amenaza, piensa en esto como en una sugerencia. Camina después de mí. Esta es La Agradable Escuela Del Éxito y La Felicidad Del Maestro De Las Ventas. Somos una organización perfectamente legal que enseña a alterar el camino de la vida a través de la re-interpretación de la realidad. ¿Sabías que en la lengua de Extremo Oriente parte de la palabra Crisis es representada con el mismo símbolo que significa Oportunidad?»

«Sí, la otra parte significa “Horrible Peligro”.» -respondió Zibik.

«Cierto, pero no debes pensar en eso. La Agradable Escuela Del Éxito y La Felicidad Del Maestro De Las Ventas te enseñará a torcer cualquier situación hasta que parezca que realmente todo forma parte de un plan.» -concluyó el Maestro.

Y fue así que Zibik comenzó su entrenamiento en el camino de la negación.

El maestro Habla tiembla por culpa de los escalofríos que recorren su espalda, sobre todo al escuchar la palabra “Éxito”. Así que el capítulo finaliza en este instante.

La lección de este capítulo es evidente, pero la enunciaremos para aquellos lectores de procesos mentales más lentos:


Siempre puedes fingir que todo está bien.


El ejercicio en esta ocasión es encontrar términos que reemplacen a las palabras horribles que describen tu situación y tus acciones. Por ejemplo: Obeso= Robusto, Desempleado= Artista, Tacaño= Previsivo, Acosador= Admirador, Inútil= Artista… forma combinaciones que te hagan sentir mejor sin haber hecho ningún progreso en tu vida.

Así dice el maestro Habla.

Foto por Jill Clardy

Sigue: Capítulo 9 – En que el fracasado conoce a fondo los mágicos poderes de la negación.

 

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