El Carpintero Persa Que Fracasó – Capítulo 3
Por Umac Habla
El Carpintero Persa Que Fracasó 3 de octubre del 2009
Anterior: Capítulo 2 – Donde el hombre presuroso aprende a prestar atención a los detalles.
Capítulo 3
En el cual el fracasado descubre brevemente la gloria, luego el inminente fracaso y sus inevitables consecuencias.
Y fue así que Zibik se encomendó a la tarea de crear un trono para el rey de Persia. Sin certeza alguna de lo que debía hacer. Y con mucho oro ajeno en sus manos.
Y fue así como toda su familia apareció de visita. Hermanos, primos, abuelos, parientes de lejanas tierras que podían probar con documentos legales su consanguinidad y que traían consigo poco más que tristes historias sobre sus desgracias. Hubo de albergarlos a todos en su nuevo y lujoso hogar, que ahora estaba localizado a una corta distancia del palacio.
Y fue así que recibió mil zalemas de cada pariente a cambio de cada talento de oro que regalaba a pesar de las protestas de Sharmoota, su mujer. Se sintió poderoso, y grande en partes de su cuerpo que estaba claro que eran pequeñas y risibles.
Y fue así que muy pronto sus proveedores de madera lo invitaron a una sala mágica, dentro de un palacio oculto, abovedada en forma de cúpula, que no contenía en su interior más que mujeres desnudas y paredes repletas de vasos y enseres llenos de bebidas, manjares y abluciones. Y las mujeres le hicieron cosas fantásticas, le ofrecieron sus cuerpos sin pudor y todo fue pagado por sus proveedores, que eran hombres pudientes y respetables, maestros en el arte de retirar el dinero de manos necias. Zibik, como el necio que era, compró todos sus materiales a precios escandalosos con gusto y a satisfacción.
Y fue así que Zibik quedó sin dinero.

Tenía que volver a trabajar. Necesitaba ayuda de muchas personas para realizar la ardua tarea, pero no podía pagar a ningún aprendiz y no le alcanzaba para comprar un sólo esclavo.
Cuando hubo pedido ayuda a su familia, ésta partió a toda prisa, y los que no fueron rápidos relataron una extensa historia sobre las desgracias que les dejaron incapaces de realizar esfuerzos físicos arduos que no pienso referirles ya que el papel en el que se imprime este relato cuesta dinero que no poseo y que sería estúpido gastar en eso con dinero ajeno.
Zibik, en la soledad, contempló como el horizonte se tiñó de rojo, y el sol se ocultaba para dar paso a la más azabache de las noches. El recaudador vino de visita a dejarle la lista de todos los detalles que deseaba agregar el rey a su trono, y esta lista a su vez, venía acompañada de otra lista de las diversas torturas a las que sería sometido en caso de incumplir una y cada una de las estrafalarias condiciones del trato convenido.
Pensó que lo mejor que podía hacer bajo estas circunstancias era comenzar a trabajar, porque la arena seguiría cayendo al fondo de la botella del reloj así estuviese muriendo de terror. Buscó sus herramientas y descubrió entonces que algún familiar había robado sus clavos y su cincel para marfil.
Pudo imaginar con la claridad de un profeta como sus pequeñas y risibles partes nobles serían arrancadas a mordiscos por animales de presa en una plaza pública.
Se suspende el relato, ya que el maestro Habla procederá a permanecer en profundo silencio meditativo una vez os haya enseñado la lección de este capítulo.
No gastes el dinero que no tienes.
El ejercicio de este capítulo comienza con adoptar una buena postura en un asiento cómodo en un lugar privado. Una vez allí, se han de llevar las palmas abiertas de ambas manos hacia la cara, cubriendo por completo el rostro. Baja y sube la cabeza murmurando “Idiota” hasta dejar de sentir la sensación de fracaso para sentir la de profunda depresión. Haz eso cada noche cuando te desprendas estúpidamente de tu dinero.
Así dice el maestro Habla.
Foto por anjan58
Sigue: Capítulo 4 – Donde el incauto cree en el hombre de Alá, y esto le trae nuevas desgracias.
@tiaxime
Hay que hacer que más gente lo lea.
@F claro que debe estar aqui, se podria decir que es el kamasutra de la vida!!!!
Podrían corregir las imágenes? no cargan.