El Carpintero Persa Que Fracasó – Capítulo 1
Por Umac Habla
El Carpintero Persa Que Fracasó 19 de septiembre del 2009
Anterior: El Carpintero Persa que Fracasó – Prologo.
Capítulo 1
Donde un hombre de éxito requiere algo extraordinario y un fracasado se arroja a la tarea con entusiasmo.
Salió el sol en el rico reino de Persia y se cuenta que en este día particular, en ese sitio místico y muy, pero muy oriental, donde todos corren a buscar sus epifanías espirituales, el rey Comosellame se hallaba insatisfecho.
Doquiera lanzaba su mirada, veía una nueva fuente de pena para su pobre corazón: Sus cientos de mujeres ya no eran tan jóvenes ni tan fogosas. Su espada ya estaba roma de tanto uso contra sus eunucos de lenguas largas. El suelo de su palacio estaba gastado por los cientos de reyes, oficiales y enviados que venían a su reino a pedir limosnas. Pero por encima de todo aquello, sufría por el lamentable estado de su trono.
Veinte reyes habían pasado por ese mismo trono. El año anterior.
Los cojines estaban llenos de sangre. El respaldo perforado por culpa de lanzas y espadas. Los reposabrazos estaban llenos de rasguños realizados durante los muchos temblores agónicos de reyes incautos. Eso y que tener el trono le recordaba mucho a su padre y el esfuerzo que costó retirarlo del trono.
El rey Comosellame era un ganador. Un conquistador de mujeres. Un guerrero del que se cantaban sus victorias incluso cuando era derrotado. Era heroico y su valía la demostraba montando, algunas veces a caballo. Su rostro se veía bruñido como el bronce, podrías decir que había ya algunos signos de envejecimiento, si estabas dispuesto a recibir latigazos hasta tu muerte. Su cuerpo estaba tallado a la perfección, con cada músculo tan perfectamente trabajado que cuando entraba en una habitación podías escuchar los suspiros y lo que decían las mujeres a sus esposos.
Este rey merecía un trono mucho mejor. Y es aquí cuando comienza realmente nuestra historia.

Zibik despertó una mañana con la vehemente imagen de que era el día más importante de su vida. Era claro que lo sería porque su humilde casa estaba llena de soldados. Su esposa Sharmoota lo miraba decepcionada desde la cocina. Ella siempre temía que el rey en persona lo mataría por alguna de esas cosas que decía cuando bebía. «Te llena la sangre de demonios» le decía Sharmoota.
Y era cierto que había mencionado algunas cosas respecto al rey Comosellame y mil penes. Pero todos sus amigos habían reído cuando lo dijo. También era cierto que el rey era un hombre con sentido del humor; arrojaba oro sobre ladrones hasta sepultarlos en riqueza, y ahorcaba a los espías con sus propias lenguas.
La preocupación surcaba su rostro, cuando un hombre de aspecto siniestro se presentó ante el como recaudador de impuestos. Su rostro se ensombreció aún más, ya que si el rey tenía sentido del humor, lo aplastaría con la madera de contrabando que le compraba a los judíos.
«Vengo porque aseguran que es usted el mejor carpintero de todo el reino de Persia.»- dijo el recaudador esbozando lo que podía ser una sonrisa- «Y el rey Comosellame, elegido por Alá para la gloria eterna, no quiere nada menos que lo mejor.»
Y al oír esas halagadoras palabras, Zibik saltó, abrazó a su esposa, agradeció a Alá que es justo y bondadoso, sabiendo en el fondo que estas cualidades no aplicaban en su caso y bailó una pequeña danza alegre y aceptó con orgullo el trabajo que le ofrecieran.
«Recuerde sin embargo, que el rey es un hombre estricto y no puede fallar en la tarea encomendada.»
Es en este punto del relato donde me detengo por esta noche para darte a ti, apreciado lector la primera lección a aprender en este libro:
Un hombre que no controla su entusiasmo está condenado al fracaso.
El ejercicio de este capítulo, consiste en imaginar con claridad que te encuentras en un harén rodeado de bellas mujeres vírgenes, que jamás han visto un hombre y se encuentran bajo la influencia de la lectura estimulante de El Jardín Perfumado y Las Mil y Una Noches. No debes sonreír, ni tener pensamientos turbios al pensar en esto. Debes controlar tus ansias físicas. Haz esto dos veces al día al despertar. De este modo nada te perturbará durante el día.
Así lo ha dicho el maestro Habla.
Sigue: Capítulo 2 – Donde el hombre presuroso aprende a prestar atención a los detalles.
@tiaxime
Ja,ja,ja,ja,ja,ja. Buen relato.
Creo que tomará mucho tiempo para que alguno de los lectores logre controlarse ante tal ejercicio mental
Cierto dificil tarea, lo de imaginarme el harén de bellas mujeres no fue tan dificil incluso las seleccione de revistas, anuncios y portadas, lo de vírgenes no me cabe en la cabeza y los pensamientos turbios fluyen automáticamente a 3GHZ/s de velocidad…sería bueno que nada nos perturbara…
Estupendo u.u
La lección es… simplemente única.
Otra perla mas de sabiduria