El Carpintero Persa Que Fracasó – Capítulo 7

[X] Por Umac Habla [ ] Relatos   9 de diciembre del 2009

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Capítulo 7


En el que horribles castigos y desgracias caen sobre el idiota, por su propio bien.




Existen muchos tipos de personas en el mundo, y resulta muy injusto dividirlas en dos grupos, como suelen hacerlo demasiadas introducciones, prólogos y ciertos capítulos intermedios escritos por autores que consideran la originalidad como algo que está asociado a deformidades físicas, pero lo cierto es que Zibik pertenece a ese grupo humano que llora y grita cuando sabe que lo van a convertir en eunuco. El otro grupo prefiere acabar con su vida antes que vivir sin su hombría.

Como se pueden imaginar, Zibik fue enviado a la prisión debido a aquel incidente con los envenenados, entre los cuales se encontraba un príncipe extranjero al que le gustaba camuflarse entre la gente común para conocer sus necesidades, y que para su desgracia era demasiado tacaño para negarse a la comida gratis.

Un hombre que no da su opinión y acepta su destino con serenidad, a pesar del horror, posee cierto grado de respeto a sí mismo y está en cierto modo, salvado por Alá. Ese hombre no es Zibik:

«Hoy mudaré mi viejo y golpeado cuerpo que ha sufrido las laceraciones de una vida disoluta y que ha disfrutado de cada momento. No me arrepiento de nada. Cosecharé nuevas conquistas con mis largos dedos. Y si estos me fuesen arrancados, cosecharé incluso más con mi lengua. Si esta fuese cortada, me daré gustosamente a la sodomía con tal de agraviar a los esposos incapaces de satisfacer a sus mujeres. Debería considerar lo mismo, buen hombre. ¿Cual es su nombre?» – dijo el hombre sereno.

«Zibik.» – dijo… déjenme pensar… Zibik.

«¿El ebanista de la muerte? Deberían cortarle las manos también y lapidar a su madre por criarle, su mujer tiene todo el derecho a ser una libertina. ¡Guardias! ¡A toda prisa con las navajas!»

Es por tu bien.

Los rayos de luz caían débiles por las pequeñas rendijas de su celda, a veces obstruidos por las ratas, cuyos excrementos al caer sobre el carpintero le hacían sentir algo de calor. Le era imposible dormir porque los escorpiones se apareaban toda la noche, y uno de sus compañeros de celda llevaba varios días agonizando, pero no terminaba de morirse. “Hay gente demasiado desconsiderada”, pensaba Zibik para sus adentros, incapaz de cerrar los ojos.

Al llegar la mañana de su condena, los guardias entraron a la celda para recoger a Zibik, pero olía como una alfombra dejada en un establo para dar calor a cabras de vejigas nerviosas, así que se limitaron a ordenarle con delicadeza y golpes de látigo que se levantara para presentarse ante el rey.

En cuanto el visir le vio, habló a los oídos del rey, y esbozó una sonrisa que a Zibik pareció fruto de un comentario gracioso, pero que se transformó en una luna creciente que lo hizo sentir un frío peor que aquel que sentía al interior de la celda.

«Las masas piden su cabeza, Carpintero, pero se conforman con su… sufrimiento. Pero no puedo perder al responsable de mi nuevo trono. Debo hacer algo por su bien, para que no sea víctima del odio de sus vecinos. Espero que esté dispuesto a aceptarlo, en tanto sepa que hago lo mejor por usted.»

«Gracias, su majestad, bendito sea el suelo que pisa y el aire que respira, que su vida sea larga. Sepa que todo aquello que es mío es suyo, y que estoy perpetuamente agradecido y dispuesto a todo lo que quiera de mí.» -dijo Zibik, incapaz de medir las consecuencias de sus palabras.

«Estamos en tiempos desesperados, mi buen carpintero, así que aceptaré su oferta, por su bien, para que pueda conservar su vida y todas las partes de su cuerpo. Y deberá dar una parte de todo lo que produzca a partir de ahora… ejem… debe, dar al reino todo lo que produzca a partir de ahora. Y su hija al harén, si es bella y virgen, claro está.»

Y aquí concluye otro capítulo, ya que el maestro Habla sufre de terribles dolores de espalda de tanto pedir disculpas ante desconocidos en la calle. Sin embargo, antes de acostarse en su cama de clavos, quiere dejar claro que la lección de este capítulo es bien simple:


Cuando alguien dice que te hará algo por tu bien, huye.


El ejercicio en esta ocasión consiste en acercar la mano derecha a la parte inferior del rostro y acariciar suavemente la barba, mientras se observa el techo con detenimiento, como si las respuestas a tus problemas se encontrasen escritas allí. De ese modo, le será más placentero resignarse, mientras aparenta pensar.

Así dice el maestro Habla.

Foto por dearanxiety

Sigue: Capítulo 8 – Donde el fracasado pretende que el fracaso es sólo una parte del proceso de aprendizaje.

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2 Respuestas para “El Carpintero Persa Que Fracasó – Capítulo 7”

  1. Juas!!, que risa. Como siempre, un buen capítulo XD.

    Que excelente y acertada lección del maestro XD

  2. JAJAJAJA, me encanta el delicado humor con el que el maestro Habla nos enseña cosas tan importantes y profundas para nuestras vidas.

    *Se acaricia suavemente la barba, mientras observa el techo detenidamente.

    XD XD XD XD

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