El Carpintero Persa Que Fracasó – Capítulo 5
Por Umac Habla
Consejos 29 de octubre del 2009
Anterior: Capítulo 4: Donde el incauto cree en el hombre de Alá, y esto le trae nuevas desgracias.
Capítulo 5
En el que se aprende que hay cosas malas que pueden darte mucho dinero.
Había una suave brisa que recorría con suavidad los cuerpos de los ávidos visitantes al Monte Gólgota, quienes llegaban cada semana a observar los duros castigos que ofrece la justicia romana. Y a apostar cual de los cristianos duraría más tiempo con vida.
Sin embargo, esta no fue una tarde gloriosa. Las cruces fueron torpemente elaboradas y algunas lograron desmoronarse antes de finalizar la jornada.
Con magnífica velocidad, las noticias de esa mala tarde en Jerusalén fueron famosas por todos los rincones del Imperio, hasta que llegaron a los oídos del soberano, que se preguntaba al interior de su camerino portable de mármol que podría rimar con “periculum”.
«¡Oh horribles Erinias!
¿Cómo es posible que me haya ganado tanto su odio
con todo el dinero que gasto en templos para vuestras ceremo..inias?»
Nerón acomodó su cabellera e infló su pecho para adoptar una pose con mayor efecto dramático.
«¡Cuan horrible es el destino que aguarda a mi alma bienintencionada ¿Qué estoy haciendo mal me preguntó yo,
por aquella falta de adolescencia… emocionada!
el más humilde de los mortales sin mancha,
para llamar la furia vengativa
de las vengativas Erinias de la revancha?»
Se arrojó a su mullido cojín de plumas de avestruz rosa a llorar desconsoladamente, como suelen hacerlo ciertos hombres de éxito que necesitan fabricarse sufrimiento, ya que tienen demasiado dinero como para sufrir de desdichas hechas en casa. Pidió cancelar todas sus apariciones en público por toda esa semana, para el alivio de miles de griegos que estaban dispuestos a ser crucificados antes que escuchar otro recital del emperador.
«Señor, lo que sucede es que ya no hay carpinteros judíos. Todos han sido crucificados. Las últimas cruces fueron hechas por cabalistas desempleados.» -dijo Burro, el Prefecto que estaba a cargo de la representación del cesar en los distintos eventos a los que Nerón se presentaba, y en los que arrasaba gracias a su talento, vigor físico, carisma y dos legiones de casi veinte mil soldados romanos.
«Soy sólo un héroe que sufre con la gloria
de tanto dar al público lo que ama,
pero tanto amor pronto se desvanece
cuando una cruz se desarma.» -dijo Nerón.
Al escuchar esto, Burro tuvo que tomar la decisión sin consultar al emperador, como ya se le estaba haciendo costumbre. Recordaba muy claramente que la madera de los partos era muy buena. Nada atravesaba soldados romanos como la madera persa. Y la fama de cierto carpintero había llegado a sus oídos.

Y fue así que Zibik, ante la estrafalaria oferta que recibió, y bajo las circunstancias en las que se encontraba, aceptó el encargo sin pensarlo, como usualmente lo hacía.
Pero gracias a lo que ya había aprendido, hizo magníficas cruces para el imperio romano en el tiempo presupuestado y sin desperdiciar el dinero.
Fueron todo un éxito. Eran reutilizables, duraderas, soportaban hasta a los cristianos más obesos, podían amarrar a tres niños de una misma cruz. Y gracias a la capa de barniz especial preparada por Zibik, era resistente a la lluvia y no le quedaban marcas de arañazos agónicos.
El dinero de las cruces hizo que Zibik pudiese retomar la creación del trono del rey Comosellame, con todas las características que se había comprometido a ponerle. Ya no corría riesgo de perder sus testículos, ni de ser arrojado a los cocodrilos bañado en salsa de langostinos, pero se sentía muy mal en ser parte de la muerte de miles de personas.
Y eso de ser llamado “El Martillo Sangriento de Nerón” era un poco desagradable. Sobre todo desde que el poema de Nerón al respecto se hizo popular:
«Para todo héroe hay amor
pero para ninguno con tanto ardor.
Tan profundo lo siento que siento mucho dolor
y mis entrañas lastima cuando clava con furor.
Mas su gloria le espera por su talento
a mi Martillo Sangriento
de tanto darme para salvarme del odio
hundirá sus clavos y me alzará en su podio.»
Y así termina otro capítulo más de esta historia, donde cada pequeño atisbo de gloria se ve destrozado con afán pedagógico por el maestro Habla, que solicita un vaso de agua y algo de limosna de un alma caritativa, antes de decir la siguiente enseñanza:
Hay éxito cuyo sabor es tan horrible como el del fracaso.
El ejercicio de este capítulo consiste en escribir en un papel las cosas horribles que has hecho que te hagan sentir culpable y exponerlas cada día en un sitio en el cual puedan ser leídas por gente dispuesta a burlarse de ti. Repite esto todos los días hasta que dejes de sentirte culpable por las cosas que haces.
Así dice el maestro Habla.
Foto por crowt59
Sigue: Capítulo 6 – Donde las buenas intenciones no son suficientes para compensar por las malas acciones.
Ja,ja,ja,ja,ja,ja,ja. Muy bueno, Zibik me recuerda a zadig XD.