El Carpintero Persa Que Fracasó – Capítulo 2
Por Umac Habla
Relatos 24 de septiembre del 2009
Capítulo 2
Donde el hombre presuroso aprende a prestar atención a los detalles
Los guardias envolvieron en una alfombra a Zibik para llevarlo voluntariamente al palacio del rey Comosellame. Era claro que no era la primera vez que llevaban a alguien de este modo, ya que amarraron su cuerpo con pericia y las patadas que le propinaron acertaron siempre en sus partes nobles. Tras varios días de recorrido, llegaron a las puertas del palacio, donde lo arrojaron con la calma de un burócrata y la delicadeza de un herrero molesto.
Cuando soltaron los nudos y abrieron la alfombra, Zibik pudo apreciar con admiración el lujo reservado sólo a los más ricos, y sus numerosos esclavos, siervos y concubinas. Había soñado antes con estar al interior de las murallas, siempre para despertar con resignación al ver que era sólo un sueño y su esposa no era realmente una legión de mujeres inmorales.
Imponentes palmeras bordeaban el camino que daba a la entrada, donde imponentes eunucos con imponentes espadas le pedían que fuese a la entrada de servicio porque no era lo suficientemente imponente para pasar por aquella entrada de 60 codos de altura que haría sentirse sobrecogido a un efrit con baja autoestima.
Así que lo recibieron en la entrada de servicio para hacerlo presentable al rey, que insistía en que sus ojos viesen opulencia o violencia. Una esclava le trajo agua caliente y toallas, otra se encargó de traerle esencias perfumadas, otra le trajo una exquisita bebida de flores para refrescar su aliento. Todas lo atendieron con un esmero que le entusiasmó en lo más profundo de su ser, donde también le estaban limpiando con agua caliente.

Lo vistieron en finas sedas y se alejaron a sus labores ondulando su talle al ritmo de una música que era seguramente su corazón latiendo a prisa. Otro esclavo vino a llevarlo ante la presencia del rey, que estaba siendo abanicado por mujeres que sólo vestían telas vaporosas que resaltaban su desnudez.
«¡Por Alá, que has de estar muy a tu gusto! Este es el trabajo más importante de tu vida.» -dijo el visir que apareció detrás del carpintero. «El rey tiene ideas muy claras de lo que desea por la gloria de su reino y el sitio en el que ha de aposentar sus glúteos para regir con firmeza al reino como debe de ser.»
Frente a sus ojos había paredes con incrustaciones de carey, muebles de maderas de las que sólo había escuchado hablar y suficientes muebles de marfil para hacer llorar al más indolente de los elefantes. Las representaciones del rey victorioso estaban hechas con polvo de piedras preciosas y sus enemigos en diminutas ilustraciones hechas con conjuntos de ónices.
«Lo segundo es que debe tener madera enchapada en oro, loza fina, incrustaciones de marfil, ya que al rey le encanta que haya marfil…»
Zibik no podía desviar sus ojos de las mujeres. Eran todas hermosas, jóvenes, más fogosas y atractivas que su esposa Sharmoota. Una de ellas le hizo un guiño.
«Lo séptimo es que tiene que tener por lo menos doce peldaños, con leones en marfil en cada peldaño, y más enchapes en oro. También puede haber algo de marfil en los descansabrazos. Y debe tener una placa de hierro en el espaldar para que no atraviesen las dagas de otros aspirantes al trono…»
Esa misma mujer del harén se pasó la lengua por los labios.
«Y eso sería todo.» -dijo el visir. «No seguir al pie de la letra los deseos del rey Comosellame terminará con usted siendo flagelado, castrado, sus bienes expropiados y después afrontará un destino peor que la muerte. Firme aquí, aquí y aquí por favor.»
Firmó con su mente aún flotando en una alfombra voladora sobre algún techo de Bagdad, realizando piruetas que había escuchado a otros comerciantes y que nunca había realizado con su esposa.
Con esa acción me tomo la libertad de suspender el relato para darte a ti, apreciado lector la segunda lección a aprender en este libro:
Presta atención a lo que te dicen aquellos de los que depende tu paga.
El ejercicio que debes realizar es que en cada conversación que tengas, mires fijamente a tu interlocutor como un camello mira la cola de otro en una peregrinación y repitas mentalmente cada palabra que este te diga, repite dos veces y en voz baja si tu interlocutor es quien sostendrá el pago por tus servicios.
Así lo ha dicho el maestro Habla.
Foto por tim eschaton
que consejaso!!! este si que es en verdad util!!!!
Y los demas capitulos?
Sergio, da click a El Carpintero Persa que Fracasó y los tendrás.
buenisimo esta consejo hay que sequirlo al pie de la latra de veras que si …!!! =)